Babaluwaye, la deidad de la viruela.

 
Esta deidad cura las enfermedades provocadas por maldiciones o palabras sentidas y negativas de los seres humanos, la salud le pertenece a ori y Orisanla y el cuidado de nuestras palabras para no provocar enfermedad a una persona o a nuestro entorno queda en nuestra conciencia, es la única que evita que vivamos el reembolso de nuestras malas acciones y pensamientos hacia los demás.
Sapanna es el hermano de Sàngó. Sus adoradores han sido prohibidos por el gobierno nigeriano por muchos años ya que se les acusa a sus sacerdotes de usar costras y líquidos para esparcir la viruela, y así obtener la propiedad de sus víctimas.

Sus altares todavía no se han encontrado en Nigeria, sin embargo, se conoce que muchos de los adoradores de este Orisa cruzan la frontera a Dahomey para realizar el festival anual y sacrificios menores. Los adoradores de Sapanna están renuentes a discutir su culto pero niegan categóricamente los cargos hechos en su contra.

Esto es debido a que para los yorùbá, esto es un sistema de vida que influye en todos los aspectos: social, político, económico y otros.

Esta forma misteriosa es característica de los seguidores de éste Orisa, algunas poblaciones lo repudian debido al poder de la palabra negativa de quien esparcela ira en todo su entorno.
 

Piel afectada por la viruela.
Antes que el culto fuera suprimido, los sacerdotes de Sapanna eran llamados para ayudar a personas que sufrían de viruela. Ellos oraban, ofrecían sacrificios y rociaban al paciente y su habitación con una infusión de varias hojas. Si el contagiado mejoraba, el sacerdote realizaba una purificación para prevenir una recaída o contaminación a los familiares. 


El maíz es un tabu para Babaluwaye.
  La casa no podía ser barrida con la escoba tradicional compuesta por hojas de palma, ya que es parecida a uno de sus símbolos.  Es un tabú quemar  mazorcas o madera del árbol Ashapa, ya que están ligados a la deidad y se utilizan para prevenir la enfermedad, y lo más importante es que la semilla de sésamo y el aceite de palma no pueden ser traídos a la casa.  Esto aun sigue siendo realidad dentro de los yorubas.

Cuando una persona fallecía a raíz de la enfermedad, no se hacía un funeral, ni se enterraba en los linderos de la casa como se acostumbra, en su lugar, se llamaba al sacerdote de Sapanna para que hiciera una purificación y esparciera una infusión a los familiares y sobre aquellos que llevaron y enterraron el cadáver en las profundidades del bosque donde nadie pudiera ver el sepulcro. 

Los sacerdotes también recolectaban los artículos del fallecido, los quemada y los enterraba junto al cadáver.

La viruela no se considera una enfermedad sino un castigo de Sapanna por ofenderlo al silbar, reírse de él cuando posee un adorador o cuando se irrumpe un tabú del Orisa.  Sapanna es temido por su rudeza, una vez que la viruela ataca, puede extenderse y afectar a personas inocentes. En tiempos primordiales la enfermedad podía arrasar con la mitad de una población.

Sapanna roba el alma de aquellos a quien asesina, y las vende en ciudades distantes o a mujeres para que los espíritus renazcan como hijos. Si el alma regresa a su dueño, el enfermo se negaría a comer o beber alegando que está satisfecho aunque haya estado mintiendo inconscientemente por varios días.

Cabe destacar que las enfermedades según el sistema de vida Yorùbá son causa por conductas negativas del ser humano, ellos fundamentan que el mundo es un lugar prestado por Èsù, que consta de reglas que si no se toman en cuenta, sufriremos las consecuencias de la causa y el efecto de no respetar los tabúes, procedimientos y comportamientos correctos para tener una comunicación sana con la existencia.

Sapanna vive en las profundidades del bosque durante la época de lluvia, pero puede mudarse a la ciudad durante la sequía, manifestándose como un ventarrón.
 

En los períodos de sequía, Babaluwaye está al acecho de personas que incurran en la negatividad para infectarlos.
Durante las estaciones secas, se debe evitar salir a medio día o de noche. Por las noches, Sapanna sale a pelear acompañado por sus perros y espiritualidades negativas que cargan garrotes y látigos, al medio día él y sus seguidores se esconden en las sombras de los árboles dónde las personas se sienten tentadas a refugiarse del sol.  Sapanna ama la música y los tambores, lo que puede atraerlo a los poblados durante la sequía, por eso en esta época los toques de tambores están suspendidos e ciudades como Oyo y Meko.

El Iyabu (cuarto sagrado, el lugar donde va a residir para colocarle los cimientos que permiten la transmisión espiritual con herramientas establecidas como las que aquí se menciona para su perfecta y efectiva comunicación)  de Sapanna hay una olla invertida con un hueco, debajo se encuentran dos estandartes de hierro en dónde se deposita la Eye de los sacrificios.  También se encuentra una lanza de hierro, una horquilla y un garrote enrojecido con leva. En lugar de una vara para bailar, los adoradores usan una escoba cuyo mango está cubierto por ropa o cuero decorado con caracoles (cauríes). Brazaletes de caurí y collares de pequeños discos negros hechos de las conchas de nuez de palma son usados como insignias por sus adoradores.