REGRESO AL CIELO

 
No podemos olvidar que antes del viaje a la Tierra, cada persona ha decidió su momento de regreso a la ciudad del Cielo. Cuando una persona fallece, en la tradición Yorùbá se realiza la ceremonia de entierro; el hecho de que la persona sea colocada dentro de la Madre Tierra posee muchísimas connotaciones espirituales.
 
El Odù Irete Ogunda enseña que la Madre Tierra es una entrada al Cielo y es a través de ella que regresaremos a nuestro hogar.  El Odù Oturupon Okanran certifica que cuando una persona perece, Èmú, el portero del Cielo, es el encargado de revisar la vida del individuo y corroborar si es el momento para que regrese a la ciudad del Cielo, de no ser así, será enviado devuelta.

Ifá dice que todos, al momento de llegar al Cielo, daremos cuenta de las acciones realizadas en la tierra, aquellas echas con las manos, piernas, brazos e incluso con el corazón.

Los ojos, brazos, piernas y hasta la cabeza, eran entidades separadas pero acordaron al inicio del ser humano, habitar juntos para formar un sólo ser. De la misma forma, cuando el hombre regresa a su verdadero hogar, El Cielo, las diferentes partes del cuerpo tienen


 
sus casos individuales que atender y atestiguar para sí o en contra de alguna otra.
 
 

Si la persona es un Babalawo, todos los instrumentos de adivinación dirán algo sobre las develaciones que fueron hechas y las personas que fueron afectadas por la falta de ética, desconocimiento o avaricia. El Opón, Ìyèròsùn, Òpèlè y el resto, lo defenderán o castigarán dependiendo de las acciones cometidas por el Awo. Incluso Èsù dará su testimonio.

El castigo será basado en la gravedad de la ofensa. Con el consentimiento de Olódùmarè, algunos se desvanecerán en el aire para siempre, itinerantes de un lado a otro sin merecer ser ancestros. Otros puede que reciban diferentes castigos por un período específico para luego bañarse en el río que separa la Tierra del Cielo antes de ser admitido y convertirse en un ancestro.

Los ojos, brazos, piernas y hasta la cabeza, eran entidades separadas pero
acordaron al inicio del ser humano, habitar juntos para formar un sólo ser.
 

De la misma forma, cuando el hombre regresa a su verdadero hogar, El Cielo, las diferentes partes del cuerpo tienen sus casos individuales que atender y atestiguar para sí o en contra de alguna otra.

Si la persona es un Babalawo, todos los instrumentos de adivinación dirán algo sobre las develaciones que fueron hechas y las personas que fueron afectadas por la falta de ética, desconocimiento o avaricia. El Opón, Ìyèròsùn, Òpèlè y el resto, lo defenderán o castigarán dependiendo de las acciones cometidas por el Awo. Incluso Èsù dará su testimonio.

El castigo será basado en la gravedad de la ofensa. Con el consentimiento de Olódùmarè, algunos se desvanecerán en el aire para siempre, itinerantes de un lado a otro sin merecer ser ancestros. Otros puede que reciban diferentes
 
castigos por un período específico para luego bañarse en el río que separa la Tierra del Cielo antes de ser admitido y convertirse en un ancestro.