El Nacimiento de los Yorùbá

Una vez que el hombre ha recibido el Àse de Obàtálà, se dirige al templo de Olódùmarè para realizar su deseo de vida y luego ir a la Tierra. Mientras escoge su destino, está dejando el nodo de continuidad para sus sucesores y esposa, si va a vivir mucho tiempo, el tipo de hijos que desea y cuándo vendrán a él, liderando el camino para las generaciones futuras.
Paisaje del Egbe Orisa-Oko.

 
Una vez finalizado, el Orí entra al vientre de la madre y empieza otra concepción. Este momento es crítico, Ifá dice que entre la ciudad del cielo y la tierra hay niveles espirituales que la persona debe atravesar, y en estos escalafones místicos se encuentran los 16 Odù mayores, representando las fuerzas benevolentes que equiparadas con las fuerzas negativas de las Iyami Osooronga y Abiku llamadas Ajogun, forman un equilibrio místico. El lugar donde el viajero se encuentra con estas fuerzas se le llama Ìrònà.

Esta etapa tiene muchas consecuencias para la vida del viajero, sus acciones se convertirán en las manifestaciones de las cosas buenas que ha deseado para su destino. Este es otro lugar donde se prueba el libre albedrío y se le considera el sello final con el que se vuelve imposible alterar lo elegido. 

 
De acuerdo con los versos de Ifá, el viajero primero conoce las fuerzas positivas que realizarán adivinaciones y sacrificios por él, si el viajero así lo desea, de la misma forma, puede seguir su camino.

Seguidamente concertará con las fuerzas negativas. Si el viajero realizó los sacrificios, las fuerzas positivas le habrán dado lo necesario para triunfar sobre las fuerzas negativas sin un rasguño. Las fuerzas positivas tienen el propósito de preparar al viajero para los problemas que encontrará con Ajogun.

No obstante, estas fuerzas negativas se asegurarán de que las cosas que el viajero haya escogido se transformen en problemas y dificultades para causarle frustraciones en la vida. Ifá enseña que cada viajero debe tocar el árbol de la pérdida de memoria y el olvido, llamado Igi ìgbàgbé, que no permitirá que la persona recuerde nada de lo sucedido en el cielo.El nacimiento de un bebé es una ocasión de regocijo en la tradición yorùbá.


 

Niños africanos nacidos dentro de la etnia Yorùbá.
 

Niños africanos nacidos dentro de la etnia Yorùbá junto a la deidad Òsún
  Ifá certifica que si una persona no tiene mucho dinero pero es bendecido con un buen hijo, ese mismo retoño le volverá próspero en el futuro.

Inmediatamente que el niño llega al mundo, hay muchas cosas que se deben hacer. La salud del bebé y la madre es lo primero a considerar.

La adivinación de recibimiento para el infante es el Esèntáyé. Se traduce literalmente a “la primera pierna llega al espacio abierto de la tierra”. Esta adivinación determinará el nombre del bebé, el tipo de niño que es y los sacrificios necesarios para el bienestar del nacido.

El Esèntáyé es una ceremonia sencilla en la que el Babalawo coloca la pierna del niño en el tablero y el Ikin u Ópele se tocará la frente del niño y se realizará la adivinación. Los sacrificios prescritos deben realizarse inmediatamente. Igualmente se determina el nombre del niño que se develará públicamente al octavo día después del nacimiento en una ceremonia especial que contiene todo un día de rezos.