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| “Orífín”, el cielo, es nuestra lugar de origen y es allí dónde debemos regresar. El hecho de que los humanos eligamos nuestro destino no está completo sin que el hombre diga el momento de su regreso a su creador. |
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Ifá afirma que este mundo es como un mercado y el cielo es nuestro hogar. Tan pronto como sea el momento, “Onípìín òrun”, quien mantiene el registro del instante en que las personas deben regresar, le informa a “Oníkò”, la Muerte, que debe ir a la Tierra y traer al viajero.
Por las escrituras de Ifá podemos decir que la muerte es una entidad muy temida cuyas acciones aterrorizan al hombre, especialmente a aquellos que no obraron de forma correcta.
Si embargo, el miedo a la muerte no lo debería sufrir un Babalawo que ha vivido de acuerdo a los mandamientos de su creador, ya que sabe que sus manos rozaran su cabello canoso. De hecho, no tiene apego por las cosas materiales. Ifá enseña que el apego a las cosas efímeras del mundo crea miedo a la muerte. |
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Cuado un hombre muere, se transforma en una mascarada, en un espíritu. Ifá mantiene que el espíritu de un hombre proviene del cielo y puede tomar cualquier forma: puede crecer o disminuirse a voluntad.
Ikú, la muerte, es el otro nombre por el que es llamado “Oníkò”, el último era su nombre en tiempos primigenios, pero por la acción de matar, que es la pérdida de la vida en todo lo creado, incluyendo al hombre, la gente prefirió denominarlo de esta forma, ya que es él quien llevará a la muerte a todo y todos, si importar qué tan alto o bajo esté posicionado.
Ikú, es un sirviente de Olódùmarè creado para traer devuelta el alma del viajero a la ciudad del Cielo. El Odù Ogbe Oyekun certifica la creación de Ikú como resultado de un acuerdo que los mortales hicimos con Olódùmarè.
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Ikú fue un ser físico, de hecho fue Babalawo muy devoto y por su trabajo, junto a la asistencia de Onípìpín Òrun, él sabía la historia de cada hombre, especialmente el día que debía morir.
Olódùmarè le concedió a Ikú el poder de volverse invisible, para que pudiera realizar sus tareas de forma discreta. Desde ese entonces, nadie sabe donde vive o cuando actuará, lo único que todos saben es que un día vendrá.
Pese a que Ikú ya no es visible a los ojos humanos, Ifá mantiene que su presencia pueden sentirla algunas personas cuando sus días acaban.
La muerte constituye el final de un ciclo. Debemos recordar que nuestra estancia en la tierra es temporal y tiene como propósito general el crecimiento espiritual, ahondado a la misión personal de cada individuo. |
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| Aquel que tenga miedo a la muerte no ha entendido que la vida es un proceso de aprendizaje, es una experiencia momentánea y que cuando llega a su fin es porque el aprendizaje está completo y la persona puede regresar a su verdadero hogar y constituirse en un espíritu protector para sus seres queridos. |
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