La Historia Yorùbá

Los orígenes de la gente y la cultura yoruba están envueltos en la antigüedad, al punto de no poder afirmar su comienzo con fechas.

La historia yorùbá comienza con la migración al este de África a través del Nilo y culminando en el río Niger. Debemos considerar que el trayecto en aquellos tiempos era una travesía difícil y llena de peligros. Desde luego, sus creencias e inventos vinieron con estos inmigrantes.

El continente Africano fue testigo del nacimiento del hombre y de sus tierras nacieron conocimientos ancestrales que nos permiten obtener una alineación con la ciudad del cielo.

 
Los arqueólogos nos informan que la región Nigeriana del territorio africano se encontraba despoblada hasta hace 40.000 A.C. A estos inmigrantes se les atribuyó el nombre de Nok. Los Nok, serían visitados por el grupo yoruba entre el 2000 y el 500 A.C. Este grupo estaría encabezado por el rey Odùduwà quien se estableció de modo semi-pacífico en el ya antiguo Ile-Ife, la ciudad sagrada. A este período se le conoce como la edad de bronce, indicando que ambos grupos estaban relativamente avanzados.

De acuerdo con la tradición, Odùduwà, jefe ancestral y primer rey de los yorùbá, se estableció de forma definitiva en Ile Ife. Desde ese momento su descendencia se convirtió en los reyes y reinas de los territorios yorùbá. El más notable descendiente de Odùduwà fue Oranmiyan, quien se convirtió en el primer Alafin o gobernante de Oyo

El ejército de Oranmiyan marchó sobre el sur de Sudán y penetró fuertemente en el gran bosque tropical, conquistando y estableciendo los cimientos del Imperio yorùbá. Siglos de logros y espectacular gloria siguieron al régimen de Oranmiyan. Fue durante esta era que los yorùbá restablecieron a Ile-Ife como el centro religioso del Imperio y a Oyo como el foco gubernamental. Durante los siglos XVI y XVII las fuertes guerras internas debilitaron las fuerzas del Imperio y para el siglo XVIII cayeron fácilmente en las manos de portugueses que los vendieron para trabajar en las minas españolas y plantaciones en las Américas. Después, otras naciones europeas como Francia, Inglaterra, Holanda y España se involucraron en la captura y venta de esclavos, originando el comercio negrero.
 
Las guerras santas islámicas o yihads, arrasaron a África hasta llegar a las costas occidentales, el comercio trans-sahariano de esclavos floreció. La nación yorùbá, devastada y privada de su principal recurso, las personas, eventualmente colapsó.

Es importante destacar que la gran mayoría de esclavos llevados al “nuevo mundo” procedían de la etnia yorùbá.

Descendientes africanos fueron llevados a países como Cuba, Puerto Rico, Trinidad, Jamaica, Haití, Republica Dominicana, Brasil, Venezuela, Argentina y EE.UU. Durante próximos siglos ocurrió una homogenización o síntesis de las religiones.

Desde la perspectiva africana, se elevó una interpretación cristiana basada en la práctica y espiritualidad yorùbá.

Muchos africanos renegaron de sus creencias y otros mantuvieron sus dogmas tradicionales y prácticas sincretizando con el cristianismo, utilizando recursos espirituales para apoyar y complementar, y así obtener un mejor trato por parte de sus esclavizadores.
 


El Islam nace en el Odù Otura Meji. El Ese relata un viaje de Orunmila a la meca para enseñar Ifá, uno de sus discípulos, sin completar su entrenamiento en el ifismo, originó una nueva doctrina. Cuando un iniciado de Ifá viene Otura Meji, adicionalmente se le entregan las cuentas del Islam.
 

La santería es el resultado de una diáspora forzada ahondada con la imposición del cristianismo en los siglos XV y XVI.
 
Muchas de las prácticas y creencias se desvirtuaron, es impresionante que algunos conceptos espirituales y religiosos no desaparecieran por completo.

Para poder mantener los ritos, canciones y sacrificios a las deidades tuvieron que disfrazarlos con el cristianismo. Dado a la abundancia de de ritos sociales y santos de la fe católica, a los africanos les resultó fácil enmascarar a los Orisa.  Hoy en día, muchos de los practicantes o descendientes de la tradición yorùbá practican libremente el culto y no se conforman con las creencias hispánicas y se vuelven a la versión no adulterada de la práctica yorùbá.

Aspirantes serios de este movimiento religioso se han conectado con sacerdotes nigerianos y han iniciado un movimiento tradicionalista en países como EE.UU, Venezuela y hasta Cuba. El Egbe Orisa-Oko es uno de ellos.