Èsù, el mensajero divino


Esu Sigidi, el guardián del Egbe Orisa-Oko


Partiendo de la premisa de que las cosas buenas no vendrán a menos que sean llamadas, y las malas no dejarán de manifestarse a menos que sean frenadas, es necesario acercarse a una entidad espiritual que sepa cómo convocar o detener estos factores, ya que ellos también operan a un nivel espiritual.

Se puede decir que Èsù es quien contrarresta las fuerzas negativas del hombre.

El mundo no debe estar excesivamente polarizado y Èsù se sienta en las alturas para proveer el balance de las dos fuerzas opuestas para un cosmos funcional.

Dentro de los límites de la obediencia a los sacrificios, Èsù otorga o quita, para que el hombre pueda probar los dos extremos, abundancia y carencia.






Èsù le coloca pruebas a los humanos y los somete al ridículo para que conozcan un poder más allá de su comprensión.Èsù tiene sus comidas predilectas.

El chivo (obuko) y el aceite de palma o epo son algunos de los artículos con los que no se debe jugar cuando atendemos a este Orisa.

Instintivamente, sin importar qué tan molesto esté Èsù, una vez que se le da epo estará pacífico. Uno de los tabúes principales para esta deidad es el adi (aceite de almendra). Los alimentos favoritos de Èsù son: obuko (chivo) aja (perro) y akuko (gallo).

Hoy en día, en muchas ciudades y pueblos de la tierra yorùbá se encuentra a Èsù posicionado estratégicamente y designado para realizar encomiendas dadas por otras deidades, por ello se le conoce como el mensajero divino.

El la mayoría de los hogares de la tierra yorùbá Èsù se localiza afuera de las casas, bien sea en una esquina o en un frente abierto, ya que cuando Ìkù (la muerte) viene, lo hace por la entrada principal y cuando la enfermedad aparece lo hace por la puerta de atrás.

Entre el puesto que se le adjudica a Èsù se puede decir que es el intermediario entre dos finales opuestos de las aspiraciones y desintereses humanos: felicidad y tristeza, vida y muerte, riqueza y pobreza, el cumplimiento y el fracaso..
 
Una representación de Èsù Odara del Odù Ejiogbe cuando los Orisa perdieron el sendero viajando del Cielo a la tierra y fue Esu quien les mostró el camino.