EL CIELO Y SU ORGANIZACIÓN

 
Como la Tierra, el Cielo posee su propia estructura.  Ifá dice que entre los que ocupan posiciones ventajosas en la ciudad de los cielos se encuentra Èmú y Olómìrìnyíhùn,  porteros del Cielo. Asimismo, en el Odù Odi Iwori, Ifá habla de un gallo en particular cuya función es detener a aquellos que pretenden acceder al reino celestial pero no han sido invitados.

El Cielo tiene dos puertas, una para las salidas y otra para las llegadas. Como una entrada está separada de la otra, las personas que regresan no se encuentran con la gente que sale.

El Cielo es donde Olódùmarè tiene su lugar y está separado de los demás ancestros. Con la excepción de sus sacerdotes y confidentes, él no es asequible como otros. Rara vez tiene discusiones con otras espiritualidades, ya que posee entidades que manejan problemas que necesitan atención inmediata.

Atardecer del Egbe Orisa-Oko.

Los Ikines de Ifá fueron enviados desde el cielo a la tierra para que marcaran el camino de Orunmila.
  Entre los que disfrutan del privilegio de estar en los cuarteles de Ifá está Órúnmìlà, quién está encargado de reportar el curso de la Tierra o de solicitar soluciones específicas a las divinidades. No obstante, pese a estar dentro de los más cercanos a Olódùmarè, Òrúnmìlà nunca lo ve cara a cara, sólo lo escucha.

Obàtálá también tiene el privilegio de ser cercano a Olódùmarè por tener la responsabilidad de moldear las cabezas humanas antes de que Olódùmarè les de el aliento de vida.

Ifá dice que Èdè, un mensajero de Dios que se puede comparar a un asistente personal, es quien adjudica y aconseja sobre cómo resolver un problema. Òrúnmìlà se reunió con él en varias ocasiones, especialmente cuando junto a Òsanyìn buscó un consejo en relación a la curación de los hijos del hombre y el tratamiento de enfermedades.

Una de las preguntas que puede suscitarse es: “¿Dónde queda el Cielo de acuerdo al sistema de creencias yorùbá? ¿está arriba o debajo de la tierra?”.

La palabra Òrun se interpreta como el mundo en los cielos escondido de los ojos ordinarios. Algunos eventos han demostrado que espíritus de fallecidos han ascendido al plano celestial hasta desaparecer y varios ese de Ifá relatan esta migración de manera vívida.  Sin embargo, es bien sabido que algunas deidades regresaron al Cielo a través del océano o la tierra. En el Odù Irete Ogunda, Ifá relata que todos deben entrar a las entrañas de la Madre Tierra para poder nacer en el cielo. Tenemos a Sàngó que regresó a través del Cielo. Òrúnmìlà regresó por el océano e incluso Ògún que se transformó en piedra. No obstante, de algo sí podemos estar seguros, dondequiera que Olódùmarè se encuentre, él nos ve y nos conoce a todos.